Desde la
cultura política de los colombianos cómo se percibe actualmente la legitimidad
institucional, especialmente la gestión del actual gobierno en el desenlace de
su política de prosperidad democrática y su eventual reelección.
En pleno
siglo XXI el análisis sobre la cultura política Colombiana se hace cada vez más
necesario, la cultura política en este momento se encuentra ante dos hechos o logra
ser un proceso político que se preocupe por el ciudadano y con instituciones
fuertes y presencia del Estado o se aumenta el fenómeno de la politiquería, del
desoír las necesidades de los ciudadanos, continuar con la demagogia hasta
llegar a un corte autoritario.
Las
instituciones colombianas han perdido legitimidad, es evidente la corrupción en
las altas cortes, detenciones de contrincantes a la presidencia como es el caso
del ex gobernador de Antioquia Dr Luis Alfredo Ramos, el cual a la fecha no fue
llamado a indagatoria, simplemente se le llama a juicio sin claridad en las
acusaciones, la llamada mermelada
repartida en los partidos políticos y medios de información, la baja moral en el ejercito fruto de que si
hacen operativos pueden ser llevados a la cárcel y si no los hacen se arriesgan
a condenas por negligencia ante la no acción en cuanto a alertas tempranas, la
inseguridad en las ciudades producto de la baja acción de la Policía, lo cual
hace que los ciudadanos tengan una alta percepción de inseguridad, el desorden
en cuanto a las acciones legales, un día se destituye al alcalde este apela a
la CIDH la cual solo tiene jurisdicción en países que carecen de instituciones
que garanticen el pleno gozo de los Derechos Humanos, restitución del Alcalde,
malos manejos en cuanto a fronteras marítimas y terrestres, paros agrarios que
se frenan con dineros pero no con acciones que solucionen realmente y a largo
plazo los problemas, falta de presencia de Estado en muchas regiones del país (
carencia de infraestructura de acueducto en Choco, falta de clínicas, mala
infraestructura en colegios) entre otras ausencias del Estado.
Un
proceso de paz usado como plataforma a la reelección, proceso que le permitió a
la guerrilla de las FAR fortalecer su bureau de embajadores en Europa, perder
su afectación como terroristas y ganar legitimidad política, en cuanto a esto Sun Tzu en su libro El arte de la guerra
dejaría claro que se debe negociar con el enemigo cuando este está débil, de
forma rápida y sin dejarle ganar ventajas para fortalecerse.
Para
muchos colombianos el derrotar a la guerrilla por medio del uso de la legítima
defensa es un acto coartador de la democracia, pero si dentro de las
instituciones democráticas está el Ejercito Nacional y si se entiende que la
guerrilla de las FARC no hace realmente una lucha ideológica sino que es hace
mucho tiempo un cartel narcoterrorista y merece este apelativo por sus
fragantes violaciones al DIH, las cuales son reclutamiento de menores de edad,
colocar a los civiles en el conflicto (por la afectación con minas anti-persona
entre otros) actos de violencia contra la infraestructura del país que generan
limitación en el acceso a los derechos fundamentales de las personas como es el
de movilizarse libremente o gozar de un ecosistema sano.
Todo
esté panorama no deja muy bien ubicado al gobierno del actual Presidente Juan
Manuel Santos, pero a este panorama se suma el manejo de las campañas de los
demás partidos, en las que se encuentra desde total desconocimiento de las
necesidades del estado colombiano, desconocimiento del manejo económico,
partidos divididos desde dentro, lenguaje agresivo, burlas, uso de expresiones que
señalan a los militantes de un partido de paramilitares (termino mal usado ya
que no significa lo mismo que autodefensas) fascistas, agresión a los
ciudadanos por parte de uno y otro partido ya que es tan malo tildar de mamerto
a un militante de izquierda, como de gamín a un ciudadano que indague o
cuestiones por las políticas gubernamentales.
Con el
argumento del Estado de derecho, garantías constitucionales y los
procedimientos jurídicos que enarbola la Constitución del 91, se hace el
Proceso de paz, sin la fundamental exigencia que es la cesación de los actos
violentos por parte de este grupo.
Pero lo
fundamental los colombianos tienen en su gran mayoría una cultura política
sectaria, basada en el ideal del líder que mueve masas, el análisis político
queda reducido a ciertos sectores, pero inevitablemente se tiende a demarcar el
análisis con las corrientes políticas, las instituciones están siendo manejadas
no al servicio del pueblo sino de la politiquería.
El
problema de la cultura política no es solo elegir un Presidente y un Congreso,
va más allá es entender que los problemas del país no se terminan con la
brutalidad y la fuerza, pero tampoco, con perdón y olvido, en el momento en que
los colombianos entendamos que el cambio lo hacemos cada uno ya que sí somos
sujeto de derechos, también lo somos de deberes
y que las soluciones las encontramos cuando entendemos los problemas y
los resolvemos, sino resolvemos la inequidad social y la falta de presencia del
Estado, grupos como las FARC o el ELN podrán desaparecer con un proceso de paz,
pero reaparecerán con otros nombres.
El
problema de la política de prosperidad democrática es que no tiene directrices
claras, es una propuesta pero nunca llego a convertirse realmente en una
política ya que no tuvo en cuenta que Estado, democracia y economía van de la
mano. La prosperidad se construye cuando se permite la crítica a la vida
pública, el estudio serio por parte de las universidades a las políticas de
Estado, cuando el desarrollo del campo es
prioridad y cuenta con políticas a largo plazo.
La
política de prosperidad democrática se quedó en un borrador, de promesas que de
darse la reelección se realizaran, Colombia es un país en el que
desafortunadamente no están ni los ciudadanos ni los políticos listos para
manejar un proceso de reelección que se convierte en chantajes electorales y desperdicio
del erario público.
Todos
los problemas que tenemos en Colombia recaen en un único mal, una pobre y
limitada cultura política.
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